jueves, 5 de marzo de 2026

LA EVALUACIÓN Y LA MEDICIÓN

 LA EVALUACIÓN Y LA MEDICIÓN 

Lilian Arellano Rodríguez

          Evaluación, es una de las palabras de mayor uso e impacto en el ámbito educativo; hoy se habla de evaluar a los alumnos, profesores, paradocentes, institución, los programas, los procedimientos, los logros, las competencias, los aciertos o desaciertos de la autoridad, el ser, el saber, el hacer y la obra; en fin, se quiere evaluar todo y a todos. Pero qué es evaluar; qué es lo evaluable, para qué evaluar, cuáles son las unidades de evaluación, cómo evaluar, cuáles son los requisitos para constituirse en evaluador… ¿No confundimos, muchas veces, evaluación con medición?

          Partamos por lo más simple de definir, la medición, por cuanto hay acuerdo en cómo entenderla. Se llama medición al “Conjunto de normas para asignar números a los objetos, de modo tal que estos números representen cantidades de atributos”. Cf. Introducción a la medición psicológica” En otras, palabras, la medición –tal como aparece definida universalmente, es la “determinación de la proporción entre la dimensión o suceso de un objeto y una determinada unidad de medida. La dimensión del objeto y la unidad deben ser de la misma magnitud.” Analicemos cada uno de estos predicamentos, para ver si son aplicables al sentido de la evaluación.

             1. La medición contempla un conjunto de normas, esto es, de procedimientos que deben ser atendidos para normar, estandarizar, las medidas que se asignarán a lo que se mida. Sólo así, lo que es 1 o 3, significará lo mismo aquí y allá; hoy y siempre. 1 cm. es 1cm en Chile y China; hoy, ayer y mañana; si el significado de 1cm. variara de un lugar a otro…no tendría sentido medir. Por lo mismo, las normas de medición deben estar explícitamente formuladas. 

    El triángulo formado por la torre—distancia a base de torre—distancia a cumbre, es un triángulo llamado rectángulo. La distancia mayor se llama hipotenusa, y las otras dos distancias catetos. Midiendo un solo ángulo, el A, podemos saber los tres, pues los otros dos son el ángulo recto de la Base (90º) y el otro tendrá el valor (90º – A).

Del famoso teorema de Pitágoras, que dice que la hipotenusa al cuadrado es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, podemos establecer la fórmula fundamental de la trigonometría que relaciona el seno y el coseno: (seno A)2 + (cos A)2 = 1, pues para un valor igual a 1 de la hipotenusa, uno de los catetos es el seno y el otro el coseno. La otra expresión importante que relaciona las tres razones trigonométricas es: seno/coseno = tangente (comprobarlo dividiendo la expresión del seno por el coseno).

http://librodenotas.com/cienciasyletras/15707/sobre-angulos-y-triangulos

         La medición es universal, por lo tanto, su normativa debe ser tan precisamente expuesta que diversas personas, obtengan los mismos resultados si se aplica la normativa correctamente. ¿Cuál sería el procedimiento exacto para averiguar la calidad de la creatividad o reflexión crítica lograda por el alumno, durante x curso? ¿Se mide la calidad? ¿Es medible la reflexión crítica; cuál es su unidad de medida, magnitud y normativa de medición? ¿Ha sentido que el 5.5 que usted ha obtenido expresa la diferencia en calidad educativa entre usted y quien ha obtenido en el mismo área un 6.0? Repasemos la definición de medición, talvez allí encontremos una respuesta.

      2. La medición asigna números a los objetos, con el propósito de que estos números representen cantidades de atributos”. Así, la medición hace referencia a características específicas de los objetos y no a estos mismos. No se mide el edificio cuando se mide su altura; sino sólo este atributo. Esto implica un proceso de abstracción, en cuanto el atributo hace referencia tan sólo a una dimensión determinada del objeto; por lo tanto si queremos conocer la calidad de un edificio como un todo cuyo sentido es que dé seguridad para ser habitado, debemos conocer múltiples datos que incluso lo trascienden, como por ejemplo, la calidad del subsuelo, el clima, las necesidades de las personas que lo habitarán, el paisaje, el ambiente … En el caso de querer medir al estudiante de pedagogía , en cuanto futuro educador, esto es, formador en valores que den un sentido noble a los conocimientos, que sea un inspirador y no un dominador de personas… ¿Cuáles son los atributos que tendríamos que considerar? Consideremos que un criminal y un benefactor pueden tener el mismo coeficiente intelectual y los mismos niveles de instrucción….


3. Las normas establecidas para medir el atributo deben ser de tal forma que “estos números (los usados como unidad de medida) representen cantidades (de atributos)” La medición se refiere a la cuantificación (cantidad) del atributo poseído por el objeto y no a la calidad del mismo. Medir y contar son términos muy relacionados entre sí. Lo que se hace en cualquier método de medición es contar unidades semejantes. La medición es la técnica que uso para asignar números a una propiedad física, como resultado de una comparación de dicha propiedad con otra similar tomada como patrón, la cual se ha adoptado como unidad. Medida es la unidad que servirá como modelo para averiguar la cantidad o magnitud de algo: segundo, metro, amperio, mol, kilogramo, kelvin, por ejemplo, son unidades de medición de tiempo, longitud, intensidad de corriente, cantidad de sustancia, cantidad de masa, temperatura.
   Ahora bien, no puedo mezclar en el número que asigno a un embase que mido, peso con longitud: las unidades y procedimientos son distintos. Ej. Pesa 50 kilos y mide un metro de ancho por 50 cm. de alto y 40. cm. de profundidad; el área que abarca es…. En todo caso, esas medidas no me dicen nada sobre la calidad del objeto medido; pues si se tratara de un televisor, por ejemplo, su calidad se averiguaría de otra forma. ¿Qué nos dicen entonces los números asignados a un alumno en el transcurso de una asignatura? Un ejemplo: En su primera evaluación, debido a todos los vacíos de enseñanza que traía desde el Liceo, por más que estudió, obtuvo un 3.0; luego, debido a su responsabilidad y afán de superación, obtuvo un 5.0; por último, debido al su imaginación que le permitió proyectar lo aprendido, a su perseverancia y vocación, obtuvo un 7.0 Nota final: 5.0 ¿Qué reflexiones pueden hacer al respecto?
   La medida tiene como función entregarnos cantidades: Aquí hay un saco con 2 kilos de papas; acá hay otro con un kilo. ¿Cuál eliges? ¿Es suficiente dato el saber la cantidad para saber la calidad? Los atributos de una persona que se está educando en forma permanente ¿dicen relación con la calidad o con la cantidad de los mismos, son medibles, están compuestos por unidades homogéneas? ¿La persona y sus atributos, son divisibles, esto es, separables de la persona?
    Por ello, insistimos, la medida requiere poseer las siguientes cualidades:
a) Simpleza y accesibilidad, de tal forma sea cognoscible por cualquiera que conozca la fórmula.
b) Invariabilidad y uniformidad: debe estar al resguardo de todo cambio y permanecer “la misma” a pesar de las diversidades de tiempo, lugar, temperatura, creencias, ideologías, tipo de gobierno, etc. Ej. 1 cm. será siempre 1 cm. La certeza objetiva es esencial para la noción de medida.
c) Homogeneidad: Una unidad de medida debe pertenecer a un género determinado y manifestar sólo los objetos que pertenecen a ese género. Así, el metro es medida sólo para averiguar la longitud de un objeto. No confundamos el que se empleen, en algunos casos, diversos tipos de medida simultáneamente, con respecto a un mismo hecho. Por ejemplo, los sismos se miden según dos escalas: Richter, escala lograrítmica, que mide la magnitud, esto es, la energía liberada en el hipocentro o foco (zona del interior de la tierra donde se inicia la fractura o ruptura de las rocas, la que se propaga mediante ondas sísmicas.). Mercalli, en cambio, mide los efectos o intensidad (que no es lo mismo que la magnitud) que dependen de la violencia con que es percibido y los efectos que causa. Esta última es una medición que tiene mucho de circunstancial, pues el objetivo de los científicos y técnicos no es la medición propiamente tal del sismo sino la atención de la protección civil.

    ¿Podríamos hacer una analogía con la evaluación que deseamos tener del ser humano que deseamos posea un perfil de educador?

    Tampoco nos confundamos con lo que se llama medición indirecta, que se da cuando no se puede medir directamente un fenómeno, por ej. El calor se mide a través de la relación encontrada entre éste y la dilatación del mercurio. Por lo cual hay una traducción de longitud a grados de temperatura. Esto es posible porque son fenómenos concomitantes, que establecen una relación funcional exacta. ¿Puede darse una relación funcional exacta entre atributo educativo y alguna magnitud específica?
   Hasta aquí, la medida se nos presenta como un medio de conocer cantidades, esto es, realidades que admiten una divisibilidad en unidades homogéneas. ¿Es la medición la que otorga el carácter de cientificidad a la ciencia? ¿En ciertos niveles de investigación, el científico ya no puede efectuar mediciones; de acuerdo con esto, a partir de entonces, sus juicios son menos serios, menos científicos? ¿Se puede conocer la realidad noumenal microfísica? Lo que podemos es hacernos una idea de ella a través de su actuación, de sus efectos; tal como se hace actualmente en algunos experimentos de mecánica cuántica (ver video en blog) lo que no significa que la realidad desde la cual proceden dichas acciones sea absolutamente perceptible y medible. Por lo demás, lo más importante es tener presente que las medidas son conceptos inventados por el hombre para el manejo y su comprensión de la realidad; pero no son un atributo real de la realidad. La manzana no tiene en sí ni la unidad 1, 2, ¼ 0 120 gramos; lo que realmente posee son atributos que le hacen ser manzana. Por lo cual, llegados a este punto, es conveniente decir que la exactitud real no es de índole matemático sino cualitativo, ontológico. Así, cuando decimos que una persona “X” es tan bondadosa “Y” ¿estamos tomando un parámetro común; nos referimos exactamente a lo mismo? ¿O nos referimos a algo distinto en un sentido y común en otro? ¿Son comparables las personas y si lo son en qué sentido o condiciones? ¿Es comparable la inmoralidad de un profesor de biología que conduce a una niña a abortar; con la de una adolescente, talvez asustada y que ignora qué significa abortar? Desde el punto de vista de la medición, podemos medir la longitud en tiempo de un beso; pero ¿nos dice algo esa medida del amor que puede expresar el beso en los ojos del amado-a?
   ¿Cómo evaluar, entonces a nuestros educandos? ¿Qué es evaluar?
    Evaluar es descubrir el valor que posee una realidad y valor es la real perfección de ser de una realidad. Hay realidades más perfectas que otras; lo que se manifiesta en una mayor independencia y dominio respecto el habitat o las circunstancias. Bien, verdad y belleza son las diversas dimensiones del valer de la realidad. En el caso de las realidades naturales, estos valores son naturales. El perro tiene esencia de perro y su existencia espontáneamente (naturalmente) se reduce, determina, a lo que es; tanto, que podríamos hacer un inventario de las posibles acciones de un perro. En el ser humano, en cambio, la libertad de ser – el ser constitutivamente no determinado en su ser personal- no nos permite hacer un inventario cerrado de sus acciones; pues sin poder orgánicamente volar, lo hace más alto y rápido que las aves; sin poder orgánicamente vivir bajo las aguas, se sumerge en submarinos que atraviesan los océanos a mayor velocidad que los peces… Verdad, bien y belleza, en el ser personal, son mérito; son morales. La educación tiene como finalidad, precisamente, el perfeccionamiento voluntario de este ser personal: Toma conciencia de ti, del otro y de lo otro; descubre y descúbrete; descubre el sentido de tu existencia y de toda otra realidad; direcciona tus potencialidades, acciones y obras hacia ese sentido, co-crea el universo… Son estos algunos de los lemas educativos. A nosotros, los educadores, nos interesa evaluar al educando en cuanto perfeccionándose; evaluar las acciones u obras que presentan o simbolizan este perfeccionamiento. ¿Qué implica, entonces, evaluar, a diferencia de medir; cuál será el procedimiento evaluativo y cuál la forma de expresarlo? ¿Es más difícil evaluar ciertas dimensiones humanas que otras? ¿Cuál es el sentido, la naturaleza, los alcances y los límites de la evaluación?
     Un ideal de hombre me dice cuál es la meta de perfección en abstracto; La idea de mi mismo llevado a la perfección, me dice cuál es mi ideal y mi meta. Un ideal de educador me dice cuál es la meta y la vía de perfeccionamiento… Pero el ser humano es un ser situado y su existencia es biográfica ¿Qué puedo exigirme a mí mismo en esta situación y no en esta otra; qué al inicio de un aprendizaje y qué en las distintas etapas del recorrido? ¿Cuál es el método evaluativo?
    La evaluación exige exactitud real, esto es cualitativa y rigurosidad en el método, esto es, que sea acorde a la naturaleza de lo evaluado.
   OBSERVACIÓN: Complementar el estudio de esta Aula, con artículos y videos subidos o con link en el blog: específicamente con artículo 1) Conceptos básicos sobre la medición 2) La física y las realidades nouménicas 3) Lo inasible 4) Lo objetivo y la realidad transobjetiva.


EL SENTIDO DE LA VIDA Y FELICIDAD

 EL SENTIDO DE LA VIDA Y FELICIDAD

Lilian Arellano Rodríguez

El hombre vive por y para algo que trasciende la vida. El valor de vivir... 

Será en su propia vida, en la vivencia de situaciones límites, donde el psiquiatra Víctor Frankl, descubrirá que sólo quien tiene un claro para qué vivir, podrá soportar cualquier cómo que le presente la vida. Así elabora la logoterapia, análisis de la existencia que nos insta a asumir la responsabilidad de la vida, requisito para su potenciación. La responsabilidad, nos dirá, es siempre ante un deber y los deberes sólo pueden ser interpretados a partir del sentido de la vida.

 La búsqueda del sentido de nuestra existencia y en ella de cada minuto que transcurre, pertenece al ámbito exclusivo de lo humano: conscientes de nuestra conciencia de ser, de ser alguien, de vivir y de morir, la vida antes de ocuparnos, nos “pre-ocupa”. 

Esto explica la situación en que cae quien, contrariamente a su ser, en la huida o evasión neurótica, trata de vivir una existencia “presentista”, vivir sólo el día a día, sin consideraciones pasadas ni futuras; sin sentido y sin deberes, sin compromisos ni valores por los cuales velar. También cae en esta falta de sentido quien vive en la embriaguez no sólo efecto de drogas o alcohol, sino de los medios o de sus propias obras o trabajo, despojados de su sentido y valor. Resaltan, entre estos últimos, quienes sufren la llamada “neurosis dominical”, cuando el trabajo ha dejado de ser un medio y se ha constituido en un fin. 

Por el contrario, quien tiene un sentido de vida por el cual vivir, en los momentos más angustiosos, penosos o de dolor, siente la fortaleza de la esperanza, de ese sentido que trasciende la situación elevándola a un rango de realización, reto, crecimiento. Así el caso de quien sufre una situación límite o conmocional como puede ser la muerte de un ser amado.

Los valores de la vida se encuentran en:

a) El valor de nuestras actividades: A veces alguien piensa, siente, que su vida no tiene valor porque su actividad carece de valor… Pues bien, no se trata del puesto o labor que alguien ejecute sino del cómo y para qué. Es de más alta estima la vida de un barrendero, quien asume en conciencia su responsabilidad de limpiar la ciudad y atender a su familia, que la vida de un médico que no asume la responsabilidad de cuidar a sus enfermos y cumplir con su familia. 

b) El valor de las vivencias que nos ofrece la vida misma: Junto al valor que cobra la vida por nuestros actos, están los valores que Frankl llama “vivenciales”; valores que se “acogen” en el encuentro con el universo, con la naturaleza, con la vida misma…con la belleza de la naturaleza o de la obra de arte, con la presencia de la bondad de alguien. Se trata de situaciones que marcan la biografía de cada vida. Reflexione al respecto: "En efecto, aunque se trate de un instante, por la grandeza de un instante se mide, a veces, la grandeza de toda una vida. (…) en la vida del hombre son los puntos culminantes los que deciden en cuanto a su sentido, y un solo instante, por fugaz que sea puede proyectar retrospectivamente un sentido sobre la vida entera” (Viktor Frankl, “Psicoanálisis y existencialismo”, FCE…) 

c) El valor de nuestra actitud ante las limitaciones o lo irremisible de la vida: En este caso se encuentran lo que hemos llamado en este curso “las situaciones límite”, cuando nos enfrentamos a una situación que no nos deja otra opción que enfrentarla tal cual. Aquí surgen los héroes que se descubren ante el reto imprevisto. 

Nos hallamos siempre “en situación de…”, de enriquecer el mundo y el sentido de nuestras vidas con nuestros acciones; otras, enriquecernos a nosotros mismos con nuestras vivencias. Lo importante es captar, acoger el momento, la oportunidad para dar a la vida y para recibir de ella; ambos son deberes en ellos encontramos como se va realizando nuestro sentido… Así, no cumple con su deber quien da la espalda a la belleza del camino costero o al sonido de las gaviotas o colores y aromas de las flores que nos acompañan en nuestra ruta. 

Igualmente, debemos distinguir en la vida dos dimensiones distintas que se coordinan: la gran misión de nuestras vidas, trascendente a toda situación, vinculada tal vez a la eternidad y el valor situacional o sentido de cada situación u oportunidad que se ofrece como único momento para realizar, a través de la vida cotidiana, el valor que le trasciende. El gran y frecuente error, es dejar pasar esos momentos que como todo momento son únicos… ¿Cuántas situaciones de vida hemos desperdiciado?

Si alguien ignora el sentido de su vida y desconoce las posibilidades únicas de su existencia, lo primero es descubrir esa misión y luego encontrar el camino que le llevará al cumplimiento de la misma: La educación es el perfeccionamiento del ser en su existencia o, lo que es lo mismo, la realización del ser que somos a lo largo de la vida cotidiana.

EDUCACIÓN Y FELICIDAD

Un hombre, desvinculado de toda realidad, despojándose de su dignidad personal, reduciendo el Universo a un mundo asible, útil y aparente, busca una felicidad no perecedera. Sin embargo, tras programas, planes o proyectos que se pone como meta de vida, sólo logra bienestar, placer, euforia, alegría por unos momentos más o menos prolongados.

Cada meta lograda, crea en él la ilusión de alcanzar una felicidad infinita. Pero, es, entonces, cuando se da cuenta que se ha movido en un nivel de finitud que le apresa en lo momentáneo y que, tras la celebración o embriaguez de un pequeño o gran éxito, viene nuevamente esa tensión de infinito y esa sensación de vacío, soledad, insatisfacción o hastío. Casi podría decir que era más feliz durante sus sueños y lucha por construirlos que ahora; una vez logrados… 

De pronto, el hombre toma consciencia de sí, de su diferencia de anhelos, de amores, de vocación, de trascendencia. Sí; cuando niño o adolescente, soñábamos con logros para sí, para los nuestros e incluso para toda la humanidad. Ya jóvenes, con grandes ideales, comprometíamos nuestra vida por “todos”, por no ser uno más del montón de ególatras y dar de sí, si era necesario, la vida. Pero, simultáneamente, nuestras experiencias de vida, una y otra vez; empiezan a llevarnos al dolor de la impotencia; a sentirnos defraudados ante las respuesta de aquellos que creíamos nuestros amigos de ruta o agradecidos; incluso, lo que es más fuerte aún, nos decepcionamos de nosotros mismos: de nuestras debilidades, de nuestras respuestas… 

Entonces viene la crisis, aquella que marcará nuestras vidas: la oportunidad de renunciar a nuestros ideales o seguir adelante y crecer. También vienen una serie de preguntas: ¿Por qué yo? ¿Por qué la vida es así? ¿Por qué me duele el dolor de los demás; en cambio pareciera que el vive para sí es más feliz? ¿Más feliz? ¿Puede ser más feliz quien ha renunciado a lo mejor de sí; pero qué es lo mejor de sí? ¿Qué piensa o siente el hombre que ha renunciado a todo auténtico ideal; qué encuentra dentro de sí y qué es un ideal? ¿No será mejor no pensar, huir de todo sueño, de los otros y de sí? 

Víctor Frankl decía que la felicidad no se busca; que llega como un don cuando te pones como propósito dar lo mejor de ti. Por mi parte, y sustentándome en este pensamiento, la forma de vivir la vida me ha permitido descubrir que los obstáculos, problemas o el sufrimiento no mitigan la felicidad; sino que forman parte de “escenas” de nuestra vida, si tenemos como base y horizonte un sentido, un amor que trasciende cada acto: el sentido de vivir, o mejor dicho, el misterio del sentido de nuestra existencia.

NUESTRAS CRISIS

Etimológicamente, el concepto “crisis”, proviene del griego “krinein” que se traduce como separar, dividir, decidir, elegir…

 Romano Guardini, profundo conocedor del alma humana, decía que cada etapa de la vida se caracterizaba por una crisis cuya superación, condicionaba el paso a la etapa posterior. Así, podíamos entender por qué algunas personas no seguían el camino de madurez propio de toda vida; sino se quedaban ancladas en la adolescencia o alguna otra etapa. 

Recuerdo haber leído que para los chinos, la palabra crisis tenía dos significados: quiebre y oportunidad…El psicólogo C. Jung destacó el estado de alerta que se produce en una crisis. Tiene razón; cuando todo parece funcionar como es de costumbre, tendemos a comportarnos como es ya habitual, sin cuestionarnos, sin indagar. Es claro, si siempre pasa el bus por donde mismo, nosotros también, sin mayor preocupación, haremos lo mismo. Pero si una vez en el paradero, no ocurre lo que esperábamos, entramos en un estado de alerta, alarma, indagación… Se ha perdido una especie de continuidad de nuestra historia, para dar lugar a un hito, a un acontecimiento que implica una situación problemática que resolver. 

Así, cuando estamos en crisis, sentimos que algo que parecía seguro, estable, se tambalea y nos lleva a una serie de cuestionamientos, dudas, incertidumbres… En un primer momento, tal vez nos acongojamos, porque no sabemos a qué atenernos. Debemos replantearnos nuestra vida y talvez la de otros; luego tomar decisiones, elegir un nuevo enfoque de nosotros mismos, de algún aspecto de nuestra existencia o de su sentido; a veces, cambia nuestra perspectiva, concepto o valoración de los demás o del mundo. Es claro que la crisis nos ofrece la gran oportunidad de crecer, de salir fortalecidos; pero tampoco es menos verdad, que implica un riesgo, pues podemos ser superados por la crisis en vez de superarla a ella. Por supuesto, que dependiendo de la índole y gravedad del problema y de nuestra condición humana, podremos superar la crisis por sí mismos, o bien, requeriremos de ayuda de los demás. No es lo mismo hablar de crisis personales cuando se es niño, adolescente, joven, adulto o anciano; tampoco es lo mismo una crisis de identidad, que una crisis familiar, nacional o mundial; como también hay que distinguir entre crisis económicas, laborales, políticas, morales, religiosas, culturales, etc. 

No cabe duda, entonces, que toda crisis lleva consigo un riesgo (la no superación y, consecuente decadencia) y una oportunidad (su superación y nuestro fortalecimiento). Superar una crisis implica, por lo tanto, detectar y saber cómo enfrentar los peligros o amenazas, el caos, lo insano, la violencia, lo aparente, lo superficial, un sin sentido que pueden estar incoados en una persona, un estilo de vida o moda, una ideología, una creencia, una instancia de poder, etc. Hay que distinguir entre lo que hay que salvar y atesorar y lo que hay que desechar. Las crisis nos exigen un mayor esfuerzo, dolor, separación, dejar atrás; pero para mirar hacia delante, con esperanzas de un mejor futuro, de construir. Implican un no dejarse estar; un no dejarse llevar; por lo mismo, requieren de nuestra persistencia, perseverancia, ingenio, amor y valentía. Superar una crisis es superar lastres de de mal vivir; implica purificar, limpiar, ordenar, vislumbrar. Por todo lo que una situación crítica requiere de nosotros, su superación exige no caer ni en el pesimismo derrotista o depresivo; ni en el optimismo ingenuo y desprevenido. 

La complejidad de nuestra existencia; es producto de nuestra riqueza de ser. Somos una unidad indivisible que intenta descubrirse y ser presencia en un mundo que vamos co-creando día a día: en el anhelo, en la mirada, en el juego, en el sacrificio... 

La misión de educador es llevarnos hacia nosotros mismos; él sólo enseña; el camino lo hacemos nosotros. Descubrir la verdad, acoger la revelación del misterio, amar, contemplar y cultivar la belleza, habitar el mundo, conformar ámbitos, descubrir el sentido de la existencia y cómo realizarlo, convivir, realizar el bien... son dimensiones de nuestro ser uno. 

Intimidad y presencia. Lo público y lo privado. Producir y crear. Éxtasis y Vértigo: Son algunos de los subtítulos de nuestra biografía.

NATURALEZA Y ALCANCES DE LA EDUCACIÓN Y DEL EDUCADOR

  NATURALEZA Y ALCANCES DE LA EDUCACIÓN Y DEL EDUCADOR

Lilian Arellano Rodríguez

          Por cuanto principio y fin de la educación es, en su intención y ejecución, la actualización o perfeccionamiento voluntario e intencional del ser personal que somos, resulta también ser uno de lo atributos que tiene mayor incidencia en el direccionamiento de la existencia humana y del mundo como co-creación. Se entiende, entonces, por qué se justifica una máxima preocupación por ella; más aún, si tomamos conciencia de una serie de confusiones que sufre el llamado “mundo intelectual”, con su consiguiente falta de auténticos líderes y la suplantación de estos por ídolos, modas, opiniólogos o afanosos mercenarios de las ciencias, técnicas, artes e incluso religión. ¿Cuál es la dirección que hoy marcan las rutas que va trazando el hombre; de qué depende la dirección que el hombre les da? El químico, experto en la manipulación de la fórmula del plutonio, ¿hacia dónde dirige sus conocimientos, destrezas o competencias? El artista, ¿busca la belleza y el éxtasis o se deja llevar por las impresiones espontáneas que sólo mueven el gusto, el placer y el vértigo? El técnico, inventor del celular o de la Internet que acorta distancias ¿logra con ello comunicarnos más? ¿Y nosotros, actuales o futuros educadores que elegimos, por supuesta vocación, servir educando…; nosotros, guías de la humanidad y en ella de todo profesional; nosotros, los profesores, profesional de profesionales ¿qué lugar otorgamos a la ascética y a la mística en la ruta de nuestro servicio?
         Noticieros, libros, congresos, políticos, profesionales; en fin, servidores y servidos, claman por mejorar la calidad de una adjetivada educación de mala calidad; pero ¿qué se entiende por “educación de buena o mala calidad”? En sentido estricto, ¿puede existir una educación de mala calidad o de lo que se trata es de una ausencia de educación? ¿Qué es educación? Cuando se analizan los resultados del SIMCE o de la PSU, ¿se está evaluando la calidad educativa? ¿Qué es evaluar; es lo mismo que medir? ¿La educación es evaluable, medible, o, ambas cosas? ¿Cuál es el sentido, el alcance y límite de la medición y/o de la evaluación? Reflexionemos sobre el siguiente caso: Un universitario, cursando el primer año de cálculo matemático, debido a una serie de vacíos de aprendizaje que trae consigo desde la enseñanza media; en la primera prueba obtiene un 2.5; luego, debido a su esfuerzo y capacidad y, remediando varios errores, obtiene nota 4.8; por último, en la tercera y última prueba que contempla el Programa, demostrando su gran interés, responsabilidad, ansias de superación y perseverancia, logra entender lo antes no comprendido; rinde un examen perfecto obteniendo la nota máxima 7.0. Pues bien, por aplicación reglamentaria y exacta fórmula matemática, su nota final será 4.8. ¿Es una evaluación correcta que expresa rigurosa y exactamente la verdad? ¿Estamos ante un alumno de 4.8? ¿Esa evaluación expresa el nivel educativo alcanzado? ¿Podríamos asegurar, que la afirmación hecha tiene el carácter de rigurosidad que exige la ciencia, por el sólo hecho de sustentarse en una fórmula matemática exacta; ciñéndose a un reglamento y método riguroso? ¿Es evaluación o medición?
         Dos formas de ignorancia: Cabe aquí recordar dos formas de ignorancia en que podemos caer:
1) Ignorancia de negación, cuando ignorando por completo la existencia de una realidad o situación, con desconocimiento absoluto de ellas y sin intención, se cometen errores por omitir lo que realmente desconocemos. Por ejemplo, el médico no sabe qué decir respecto de lo que causó el cáncer al pulmón en un paciente que no fumaba. En este caso, se trata de un error propio de la perfectibilidad de todo lo que el hombre hace. No podemos saberlo todo; lo importante es saber que no se sabe y no engañar ni engañarnos, afirmando lo contrario
2) Ignorancia de disposición, cuando hay una actitud de imponer un método o técnica que se domina, por sobre la integridad o complejidad real. En este caso, intencionalmente, se suplanta la realidad por proposiciones que aparentan ser verdaderas; es más, se argumenta para una comprobación que se sabe lógica pero no real. No se trata del científico que sabe que le falta mucho por saber y que sabe que puede errar; sino que estamos ante un cientificista o pseudocientífico quien no comete un error por desconocimiento sino con intención de engañar. Se trata de un problema ya no de comprensible ignorancia sino de inmoralidad; ya que se hace uso de la inteligencia para producir una apariencia de ciencia o sofística. Recuerdo haber compartido varios viajes con una psicóloga que me aseguraba “Sé que profesionalmente no estoy actuando en forma correcta, pues no averiguo las causas que llevan a mis pacientes a la depresión o neurosis; pero hago lo que me enseñaron y es fácil de hacer; averiguar las causas me llevaría a estudiar mucho más y a dar mayor atención a mis clientes…ganaría menos y tengo proyectos económicos”
       El problema es que el sofista o aparente científico o filósofo no engaña en forma aislada o simple; sino que para lograr credibilidad, estructura un sistema de engaños que transmite a los demás. Así, existen sistemas erróneos de pensamiento. Es más, si todo lo que dijeran fueran mentiras, fácilmente serían descubiertos, por lo cual se hace uso de estrategias de manipulación: Se enuncia una verdad real para luego desvirtuarla. Mientras el filósofo o científico ordenan su vida a la búsqueda de la verdad; el sofista ordena su vida a que parezca que sabe. Ahora bien el engaño puede darse en diversos niveles. Por ejemplo: en un primer nivel, el de la observación, el biólogo puede emitir un juicio verdadero “Existe una similitud entre la apariencia de los lagartos y las tortugas” En un segundo nivel, la observación intenta llevarla a teoría, insertando la categoría de “causalidad”, sin tener demostración de la misma: “La tortuga evolutivamente procede del lagarto”. Esta aseveración ya es gratuita y más aún la universalización de la misma “los animales proceden unos de otros por evolución” ¿Cuántos sistemas llenos de engaños se han montado y hoy cobran aún vigencia o son nuevos; pero igualmente desvirtúan la realidad? ¿Podríamos dar ejemplo de algunos de ellos que tienen repercusión en la educación y en la ruta moral que ha seguido el hombre actual? ¿Cuáles son las consecuencias de su amplia popularidad?
           Preeminencia del método por sobre la naturaleza de la realidad: Es común escuchar que una afirmación carecería o no de valor científico, tomando en cuenta sólo si se apoya o no en un riguroso y consabido método que irradiaría en ella su carácter de cientificidad; ello, debido a su sistemacidad, objetividad, exactitud, verificabilidad. No hay dudas, estamos entonces ante un creyente de la razón y de la estadística como avales de la verdad. Pero, si el científico tiene por vocación y misión el deber de ser un descubridor y entendedor de realidades (donde la rigurosidad del método tendrá que ser evaluada por su capacidad para instalarnos en esa realidad tal cual es), ¿qué pasa entonces con el sistema de evaluación que prevalece en nuestro país y en muchos otros? ¿Es posible que una proposición falsa, que desvirtúa la realidad, pueda ser considerada científica y exacta sólo porque hace uso de un método y técnicas o estrategias catalogadas de antemano como científicas? El investigador que echa las redes al mar, aunque lo haga múltiples veces y realice una estadística de muestras, no puede asegurar que allí no existen peces de menor tamaño al diámetro de los orificios de su red. También es absurdo deducir que en un condominio donde viven 30 familias, con un total 120 personas, se necesitan 4 camas por hogar. Al respecto es importante considerar el abuso que hoy se hace de los datos estadísticos.
            La estadística cuenta los efectos que se repiten; cuestión imposible de hacer en el ámbito de lo humano donde debiera primar la originalidad, creatividad, voluntad, el sentido… todos atributos que emanan de la libertad de ser que caracteriza al hombre. De ahí que los archivos se van llenando de estadísticas de pobreza, rendimiento, deserción escolar, muerte por accidente, femicidio… mientras, el ser humano queda esperando que descubran su realidad y la situación vital en que se encuentra; cuestiones éstas que no entran en la estadística pues cada caso sería “uno”. ¿Qué otorga, entonces, el carácter de verdadera a una afirmación; la exactitud del ordenamiento estadístico de los datos que se presentan o que las afirmaciones correspondan a la realidad?
        Ahora bien, como educadores urge tener claridad exacta sobre nuestro quehacer; con exactitud real, esto es, cualitativa. Como administradores de diferentes servicios educativos nos interesará responder a todos los cuántos; pero si queremos que esos cuantos sean de calidad, deberemos antes preocuparnos de sus qué, por qué, para qué y cómo. Por ahora, a modo de ejemplo de una problemática que nos afecta a todo los profesionales vinculados a la educabilidad (capacidad de educarse) y aceptando que existe una perfectibilidad educativa, preguntémonos de qué depende la actualización de ésta; qué la define, qué la determina, qué la condiciona. Y si queremos estar a la moda, también preguntémonos ¿qué “competencias” requiere desarrollar el hombre de hoy para educarse y cuáles serían, entonces, los “indicadores” educativos que expresarían esas competencias? Es más, en un plano anterior y más profundo, dadas las condiciones en que nos encontramos viviendo, preguntémonos si hoy tiene sentido ser educador y cuáles serían los alcances de este educar. ¿Acaso no sería más leal consigo y con los demás, declararse incompetentes o desinteresados en formar en principios de vida y elegir la funcionalidad que es neutra? ¿Por qué, en definitiva, no nos ponernos como meta ser los mejores instructores, informadores, ideologizadores o estrategas de la manipulación y de la eficacia? ¿Tiene hoy sentido la formación de un hombre férreo en principios de vida; de tal modo que por convicciones llegue a renunciar al merecido sustento y bienestar, si obtenerlos le significa atentar contra los valores aprehendidos como tales? ¿Para qué educar; informamos y formamos; para crear una sociedad de conocimientos y destrezas o para poner estos al servicio de una sabiduría de vida? Estas y muchas otras interrogantes debe enfrentar, desde siempre, y hoy más que nunca, quien en su vida dispone de la educación como profesión y trabajo; pues dependerá de la calidad de sus respuestas, la calidad del compromiso que asuma con la sociedad a la cual servirá; también dependerá el sentido y valor que dé a las ciencias, las técnicas, las artes, la política, la religión, la familia, la amistad, la naturaleza, la vida y la muerte….
         El diario acontecer muestra que sin educación podemos construir, y con mucha eficacia, poderosas comunidades nacionales e internacionales que aseguren un alto enriquecimiento material; pero también deja en evidencia que sin una auténtica educación es imposible consolidar la formación de una persona honesta, justa, caritativa; en fin, una persona leal a los valores que elevan el poder adquirido u otorgado a rango de autoridad. Bueno es traer al presente el sentido de los términos “Autoridad” y “poder”, ambos acuñados por los romanos como “auctoritas” y “potestas”, respectivamente. El primero, hacer referencia a la idea de “Autor”, esto es, a quien creador de su obra tiene conocimiento de ella: de su ser (qué), por qué, para qué y cómo. De aquí se deduce que la autoridad conoce su obra y la ama; por lo tanto, si además tiene el poder (potestas) puede bien representarla y en forma sabia tomar decisiones que le beneficien; pues desde ya respeta su ser. Por ello, el poder sin autoridad es sólo un ejercicio de dominio que se puede adquirir de diversas formas. Se puede ser jefe, sin ser autoridad y no serlo, siendo autoridad. La preguntas que surgen entonces son ¿Formamos para lograr un ser que se constituya en autoridad o que sólo maneje las estrategias que llevan eficazmente al poder? ¿Formamos un cultivador, co-creador del Universo o un dominador y aprovechador sin fronteras? ¿Formamos para ser buenos servidores o para ser por sobretodo servidos? Si el científico es quien sabe descubrir y el técnico es quien sabe hacer algo, ¿estamos formando hombres con diversas vocaciones pero siempre respetuosos de la verdad, bien y belleza o sólo nos interesamos por formar hombres competentes, eficaces y productivos, convirtiendo entonces al científico en técnico y a éste en operario?
         Pareciera que el acento está puesto en procurar un mundo cada vez más tecnologizado... ¿Se han preguntado qué persigue el hombre con la construcción de rascacielos como Burj Califa o Torre Dubai, con 818 metros de altura y una visibilidad desde 95 kilómetros de distancia, 58 ascensores que ascienden a 10 metros por segundo? ¿Cuál es la altura humana de quiénes hoy se proponen, en el mismo lugar, construir dos edificios que superan los mil metros; cuál es altura humana de quienes anhelan vivir allí; cuál es el costo que tiene ello para la humanidad? ¿Cuándo el llamado desarrollo tecnológico deja de ser progreso y se transforma en agresión? ¿Cuál es la finalidad educativa de la ciencia, técnica y artes; o acaso deben ir en forma paralela, ajenas a la educación y, por lo mismo, a los valores humanos y de la naturaleza?
         La tecnologización del hombre se hace patente en el instrumentismo, maquinismo (cibernetismo) o artificialización que invade el mundo, con la consiguiente despersonalización y mecanización del trabajo, del hogar, del ocio y de todo ámbito. Estamos en la era del hombre y mujer fabricados: Rostros y cuerpos modelados a arbitrio, placer en base a drogas, funcionalización de sí mismo… El hombre masa de hoy – porque siempre ha existido; ya que los líderes siempre han sido los menos- es un ser que se somete a la ley de normalización, la que a su vez se subordina a la forma funcional de la máquina. No se trata de una cuestión de falta de capacidades o de acceso restringido a la educación; se trata de un estilo de vida elegido como tal, como un ideal. Terminología como liposuccion. Lipoescultura, abdominoplastia, dermolipectomias, Lifting facial o de muslos, Blefaroplastia, Rinoplastia, Otoplastia, pasan a formar parte habitual de los presupuestos. Hay una cosificación de la persona; el ideal de una figura maniquí. Es el hombre confundido entre el poder y el progreso; un hombre que al no saber de sí no saber qué hacer de sí y del mundo. ¿Cuál es nuestra misión educativa al respecto?
       Vivimos un mundo de la información y comunicación cada vez más rápida y perfecta; tecnológicamente hablando… La comunicación pasa a ser conectividad. Comunicación-Conectividad. “Conectarse, estar conectado” son expresiones frecuentes. La conexión, como mencionaba previamente, es un bien en sí mismo, y por tanto un derecho. Estar conectado representa estar en el mundo, formar parte del sistema, lo que te permite a su vez ser creador de nuevos sistemas. La conectividad es condición necesaria para la comunicación a través de la red. Las formas comunicativas están transformándose dentro de la red a través de la creación de las comunidades virtuales.”
 (Cf. http://campus.usal.es/~teoriaeducacion/rev_numero_02/n2_art_gros.htm ) La pregunta surge ¿A mayor conectividad, mayor comunicación?
         Es interesante reflexionar sobre la propuesta de Begoña Gros, profesora titular de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona, especialista en la utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el ámbito educativo (thbgs01d@d5.ub.es):
      Los medios no sólo nos masajean sino que masajean a la educación, se introducen en nuestras vidas y, de pronto, nos damos cuenta de su influencia. No acabo de entender muy bien las razones, pero los profesionales de la educación se ocupan poco de los medios. Los critican, eso sí, con mucha frecuencia. Los contenidos de los medios no son apropiados, los niños pasan demasiado tiempo delante de la televisión, del ordenador, de la consola,… No leen porque hay informática. No salen a jugar porque hay ordenadores. Los padres miran a sus hijos, los dejan delante de la televisión. Ven la programación infantil y no hay problema (eso piensan). Los educadores les advierten: vea la televisión con sus hijos, introduzca el espíritu crítico, analice los mensajes. Pocos lo hacen. Los padres miran los ordenadores, ven a sus hijos absortos delante de la pantalla. ¿Cómo pueden pasar tantas horas concentrados delante del ordenador?, controlan el tiempo que pasan, no son capaces de hacer nada más. Los educadores les advierten: no todo lo que hay en Internet es positivo para sus hijos, cuidado con los juegos que le compra: DESCONCIERTO TOTAL.
          El problema es que los profesionales de la educación también están desconcertados. Hay que ser flexible, integrar medios, diseñar nuevos modos de formación, nuevas formas comunicativas. ¿Por dónde empezamos? Este es el reto y, a la vez, un camino que los profesionales de la educación no pueden descuidar. Nuestros alumnos de hoy son muy diferentes a los de hace diez años, no podemos enfocar el proceso de enseñanza-aprendizaje de la misma forma y, es fundamental, crear profesionales capaces de contribuir a un buen desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación para que la cibercultura sea de verdad, una cultura. “
         Es claro que la relación del hombre consigo mismo, con los demás, con la naturaleza, con la cultura, con Dios, ha sufrido cambios los que a su vez han cambiado al hombre mismo: su ritmo de vida, su forma de sentir el tiempo y el espacio, su mentalidad, sus valores, su sentido de la ignorancia y del misterio; la idea de vida y de muerte y de sus propios límites. ¿Qué valor se da en este mundo a la presencia real del otro, al amor, al instante único, a los rituales…? ¿Qué tienen que decir al respecto? ¿Cuál es la misión del educador en relación con la respectividad del ser personal?

DIMENSIONES Y FORMAS DE SABER


DIMENSIONES DEL SABER

Lilian Arellano Rodríguez

Aprehender la realidad, es propio del ser humano: Nosotros, no sólo nos hallamos entre cosas o usamos de ellas, sino que las aprehendemos como realidades a contemplar, descubrir o indagar, cultivar, transformar, imaginar, atesorar y habitar. Es más, y ya lo dijimos, también ideamos realidades que no son tales sino conceptos que nos sirven para representarlas o hablar sobre ellas e, incluso, inventamos seres fantásticos no reales.  El animal, a diferencia nuestra, se halla y vive entre cosas que usa, reconoce y siente, en la misma medida que le suscitan como meros estímulos y no como realidades que estimulan.  Por lo mismo, el animal tampoco elabora conceptos, proyectos, ni fantasías; sólo “siente” y reacciona a esa parte de su hábitat que le llega a modo de impresión-estímulo. Por ello, el conocimiento que tiene el animal de la realidad es experiencial – sensorial - estimúlico; lo que le impide el acceso a mundos sólo humanos como lo son: el mundo moral, artístico, religioso, científico, filosófico y del humor. ¿Cómo entender nuestros mundos; qué diferencia a uno del otro? 

Saber es  saber definir, saber discernir, saber entender:

El ser humano no sólo vive sino que quiere entender la vida,  el Universo y el origen y destino de ambos.

1.- Saber discernir: es saber distinguir entre lo que una realidad “verdaderamente es” y lo que “puede parecernos que es” (parecernos oro) o  “puede aparentar ser” (el ser humano puede aparentar sentimientos, actitudes, esto es, intencionalmente engañarnos y aparentar, por ejemplo, ser nuestro amigo).  Discernir, sin otro calificativo, es distinguir entre lo que algo es y lo que parece ser: Así, el amigo dice al otro “Te engañaron; tu anillo no es de oro porque se puso negro y el oro no se pone negro; lo sé porque le pasó lo mismo a tal o cual”.  Pues bien, aunque su afirmación esta vez sea cierta, no es un saber discernir; por lo mismo, es muy incierta; sólo alude a un conocimiento experiencial sin mayor fundamentación científica; del cual tampoco podrá dar mayor explicación. Saber discernir, en cambio, exige saber fundamentar la distinción que hemos realizado entre lo que puede parecernos oro pero realmente no  lo es, entre la persona que aparenta amistad y el verdadero amigo.  Así, saber  discernir, en el caso de nuestros ejemplos, requerirá que definamos  qué es oro y qué es amistad, de tal modo dar razones del por qué no debemos confundir apariencia de oro con presencia de oro; apariencia de amistad con amigo presente. En otras palabras, el saber discernir nos exigirá saber definir; pues sólo así, podremos demostrar y explicar la  diferencia entre la realidad verdadera y la aparente verdad, esto es, la falsedad.

2.- Saber definir: Cuando somos capaces de definir no sólo discernimos una cosa de su apariencia, lo que es de lo que no es, sino que, además, circunscribimos con precisión el perfil de esa realidad, su esencia o los atributos que la identifican como tal; pues definir implica explicitar o explicar los atributos propios de una realidad; su contenido y estructura fundamental.  Entonces, si tenemos la definición de oro y de amistad, podremos afirmar que la realidad que nos parecía oro, no lo es porque no posee los atributos del oro y la que aparentaba amistad tampoco posee los atributos de la amistad. Peo el saber discernir nos exige aún más; pues hasta aquí sólo estaríamos en condiciones de afirmar qué es lo que esas realidades que aparentan ser oro o amistad no son: Podemos afirmar no es oro, no es amistad ¿pero, entonces, qué son? Tomemos el caso del oro: si esa realidad,  que nos parecía oro por su aspecto, no lo es ¿cuáles son, entonces, sus verdaderos atributos; qué realmente es? Análogamente, en el caso del falso y aparente amigo, ¿qué atributos existen en él que no son los propios de un amigo y, por lo mismo, qué es? En el caso del oro, podríamos decir que lo que esa realidad sí posee y la define son los atributos del aluminio puro el cual hoy se trabaja con rayo láser, otorgándole una apariencia de oro.  Sin embargo, quien sabe discernir y sabe definir no los confundirá y sabrá discernir entre oro y aluminio puro trabajado con láser.  Análogamente, en el caso de quien aparenta amistad y ya sabemos que no es tal, pues no posee los atributos de la amistad (el amor generoso y desinteresado), indagaremos qué es y descubriremos que se trata no de un amigo sino de un adulador que se define por su egoísmo y uso de la persona que adula; pues sólo la alaba para obtener su confianza y, consecuentemente, los beneficios que sí le interesan: ascenso social, económico, placer sexual, fama, etc. 

Podemos entonces concluir que saber discernir implica saber definir.

3.- Saber entender: Pero saber implica más que discernir y definir. Saber es poder razón del “por qué” y del “para qué” de tal o cual realidad y su situación real. El saber entender es el saber de las causas y principios del ser de una realidad; en respecto consigo, con su origen y con las otras realidades. En este nivel de saber, nuestro entendimiento inquiere por las raíces y sentido de la realidad y de su actuar.  Estamos en un nivel de profundidad que nos lleva a indagar los fundamentos del ser real: su esencia y existencia.  Quien se mueve en este nivel de saber, puede explicitar la necesidad (causas determinantes) y condicionantes (influencias) que explican por qué las realidades son o actúan como son y, por tanto, del por qué no son de otro modo.  Entender, por ejemplo, por qué existe la amistad, cuál es el sentido de ella en la vida del hombre, por qué tal persona es un gran amigo o sólo simula serlo; cuál es la actitud, actos y obras que ejerce y cómo incide en sí mismo y en otras realidades con las cuales crea ámbitos.  En fin,  en este nivel de saber como entendimiento, el ser humano busca las razones primeras y últimas de todo, del Universo y de su propia existencia en él. No olvidemos que el Universo es el constructo de realidades; por lo cual, no es posible entender una realidad aislándola del todo: El saber es sistemático. Saber algo es saberlo sistemáticamente, en su comunidad con todo y con el todo.

Ahora bien, si el saber, a nivel de entendimiento es sistemático, el pensamiento debe ir más allá de silogismos o pensamientos deductivos que se caracterizan por ser lineales, es decir, estudian las partes o la realidad como si existieran separadas del todo y yuxtapuestas (una al lado de la otra): El aparato locomotor, el aparato circulatorio, el aparato digestivo, la afectividad… etc., olvidándose que ellos no son entes aislados ni abstractos, sino que conforman un todo que es lo único real. Es lo que tratan de expresar los médicos cuando dicen: “No existe la enfermedad sino el enfermo” y explican que un enfermo puede tener mayor daño orgánico que otro pero, dependiendo del sentido que tenga en su vida esa enfermedad, puede sentirse más o menos enfermo, superar o no la enfermedad. Así, mientras el conocimiento o instrucción es lineal y deductiva, el saber es analéctico (no lineal, es decir, no parcelado) sino integral y transobjetivo (Ver Aula Socrática: “Hacia un estilo integral de pensar”).

Saber entender nos lleva al reto educativo de enseñar a educir o discernir comprensivamente, jerárquicamente; pues que la realidad sea íntegra no significa que la vista, por ejemplo, tenga la misma importancia que las manos o el oído; es más, la importancia de cada uno de estos dependerá de si hablamos de un pianista, de un pintor, una modista o de un asesino. Saber entender, es saber explicitar el sentido de cada realidad situada y esencialmente, en su mundo y en el Universo, su por qué, cómo y para qué, su ser integral y su valor en el todo.  Saber entender implica saber definir, discernir, valorar, comprender.

Observación:    Ahora bien, no toda realidad es accesible del mismo modo. Para entender el ser y comportamiento del hidrógeno requiero acceder a él de distinta forma que para entender el ser y comportamiento de aquel niño. A la forma de acceso a las realidades hasta llegar a su entendimiento, llamamos método. En este sentido, debemos tener presente que saber es atenerse modestamente a la realidad y que el método es riguroso sólo si es el adecuado para llevarnos al encuentro y descubrimiento de la realidad. Las realidades personales, requieren de un distinto método que las realidades materiales, si queremos entenderlas como tales. Por ello, considerando la complejidad de la realidad, al menos para nuestro entendimiento, la sabiduría no es simplemente un modo lógico de conocimiento, sino una "disposición", “vocación”, “actitud” y “dedicación” de respetuoso encuentro con la infinita realidad.

FORMAS DE SABER

De acuerdo con el descubrimiento y/o realización de los valores -bien moral, belleza, verdad - y la búsqueda o cultivo, en orden a una mayor utilidad o provecho de la naturaleza, el saber puede ser: saber actuar, saber obrar o hacer algo y saber descubrir.

1.- Saber actuar dice relación directa con nuestro ser en cuanto orienta nuestras decisiones de vida. A diferencia de nuestra esencia, nuestra existencia no está hecha; debemos decidir en cada segundo el cómo existirla, realizarla.  Tomar una decisión correcta no es fácil; pues podría ser una elección conveniente pero injusta, correcta pero no prudente, correcta pero que atenta contra un bien mayor, un bien común o un Bien Final…  El saber actuar dice relación directa con el saber moral, dando lugar a una disciplina filosófica que llamamos ética.  Sólo el ser humano es un ser moral que, por lo mismo, puede actuar contrariamente a la moral, esto es, inmoralmente. El animal no es moral ni inmoral sino amoral; el hecho de no ser consciente de sus actos, de no tener otras opciones que las que determina su naturaleza y hábitat, le exime de hacerse responsable de sus actos.

El saber ético o saber de la moral, tiene que ver con el saber discernir entre el verdadero bien y el aparente bien o mal, el saber de las virtudes, principios generales que rigen los actos, calificándolos de buenos, menos malo, más malo o perversos, la casuística que estudia los atenuantes y agravantes, el mérito o inocencia, la deontología o ética profesional que estudia los deberes propios de cada profesional. 

2.-  Saber hacer algo es el saber del tecnólogo que nos dice cuáles son los principios que explican el cómo funcionan las realidades, de tal modo poder perfeccionarlas, transformarlas, inventar instrumentales u otras realidades que, en forma natural, no se habrían dado de la misma forma.

No es lo mismo saber hacer algo que “hacer algo”. El obrero u operario “hace algo”, por ejemplo, arma un auto, de acuerdo con las indicaciones que se le entrega, pero  no sabe los principios de su quehacer: el qué, para qué, cómo y por qué de cada pieza y sus funciones.  Quien sabe hacer algo es el técnico.  Ahora bien, en este saber interesa no sólo el saber hacer sino la obra producida o creada: la perfección del saber y la perfección de la obra. Si la finalidad de la obra es ser útil, hablamos de saber técnico y a la obra damos el nombre de producto, medio, instrumento. Si el ingenio de quien tiene el saber hacer técnico es tal, que no sólo entiende los principios de su quehacer sino que es capaz de inventar o crear un producto o mejorar otro, hablamos de ingeniero. Si la obra es fabricada en serie, hablamos de producción industrial y, si se elabora un objeto que sea útil y, al mismo tiempo, guste, se emplea el término “bonito-a”: un vestido bonito, un vaso bonito, un ornamental bonito, una artesanía.  Si el saber hacer tiene como finalidad la creación de una obra única, que exprese belleza y no utilidad y que, además, exprese el estilo, ideas, sentimientos de un momento también único en la biografía del artista, estamos ante la llamada obra de arte y a ese saber le llamamos “saber artístico.

3.-  Saber descubrir es el saber del filósofo o científico; implica un saber indagar, esto es un saber descubrir que permita discernir, definir y entender la verdad real o situación real que se indaga.  Dado que la verdad es real, pertenece a la realidad, la verdad no se inventa: se descubre y luego, demuestra.  Demostrar la verdad es dar razones, fundamentos, del por qué necesariamente algo es tal como es.

Educación y manipulación

 Educación y manipulación

      Uno de los grandes riesgos que debe enfrentar el educador, si quiere educar al “hombre de palabra”, es la manipulación que se intenta lograr a través del lenguaje. Se trata de la manipulación más efectivamente perversa; por cuanto es subrepticia y apunta directamente a la capacidad de pensar y comunicarse. Aquí, analizaremos algunas estrategias de manipulación, pues al hacerla consciente, se impide su actuar subrepticio y, por lo mismo, sus efectos. 

A) Manipulación a través del lenguaje.

Se trata de planteamientos que subyugan, impiden pensar, arremeten contra la libertad de realización personal, a la educación, a la creatividad: 

a.1 Términos o palabras talismán: Se trata de términos contaminados por un historial de uso que llega al abuso de los mismos. El manipulador los usa porque sabe que son aplaudidos o rechazados de antemano. Por lo mismo, son ambiguos o faltos de precisión, para así acomodarlos a las conveniencias del orador quien opera con celeridad para no dejar tiempo a la reflexión o cuestionamiento. Ejemplo de esto son los términos libertad, igualdad, democracia, progreso, cambio, obligación, tradicional, etc.

a.2 Esquemas mentales: Se trata de llevar al interlocutor a esquemas dualistas de respuesta preconcebida que le impedirán inteligir y valorar la complejidad y riqueza de la realidad personal y del universo. Ej. ¿Actúas libremente o por obligación?

a.3 Procedimientos estratégicos: Se pasa del singular al colectivo según las conveniencias o se repiten constantemente ideas o imágenes ideológicas: Ejemplo: proclamas, consignas, eslóganes que conforman la opinión de la masa.

 B) Manipulación a través de estrategias psicológicas.

b.1 Distracción: Consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes, mediante continuas distracciones e informaciones insignificantes."Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener el publico ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja con los otros animales." (Cita del texto "Armas silenciosas para guerras tranquilas")

b. 2 Creación de problemas, para luego ofrecer soluciones: Método también denominado "problema-reacción-solución". Se crea primero un problema para suscitar una cierta reacción del público, a fin que sea éste el que demande medidas que desde antes se desean imponer. Ejemplo: Se crea una crisis económica para hacer aceptar como mal necesario el retroceso de derechos sociales.

b.3 Aplicación gradual o diferida: Para hacer aceptar una medida inaceptable, es suficiente aplicarla progresivamente, en "degradado". Así, por ejemplo, se puede llevar al menoscabo moral o económico a todo un gran grupo social; lo que habría provocado su rebelión si se hubiera hecho de forma inmediata. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es presentarla como algo "doloroso pero necesario", que se deberá aplicar en el futuro pero cuyo acuerdo se obtiene en el presente. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.

b.4 Infantilizamiento: La mayoría de los spot de publicidad dirigida al gran público utiliza un discurso, argumentos, personajes, y un tono particularmente infantil, como si el espectador fuera un niño de baja edad. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador u oyente, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Así, al dirigirse a una persona como si fuera menor, por sugestión, se le conduce a respuestas irresponsables, desprovistas de juicio.

b.5 Emocionalización: Hacer uso del aspecto emocional es una para dificultar el análisis racional y, consecuentemente, todo sentido critico. De este modo, se facilita el acceso al inconsciente para implantar o insertar ideas, deseos, miedos, pulsiones o inducir comportamientos...

b.6 Promoción de la Mediocridad: Promover programas y medios en general cada vez más simples, superficiales y mediocres; de forma ir creando una masa no pensante, fácil de manipular. Promover al público a encontrar "cool" (bien) el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto...

b.7 Incrementar el sentido de culpabilidad contra quienes no se pueden defender: Hacer creer que unos pocos o la anónima “gente” son responsables de la desgracia de muchos. Así, en vez de rebelarse contra los responsables reales, se desvía la atención y las represalias contra fantasmas.

b.8 Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen: Los avances tecnológicos, sobre todo en psicología y mercadotecnia, permiten conocer mejor las necesidades y motivaciones de la gente para seducirlos como consumidores. Ej. El mismo líquido se deposita en envases redondos o cuadrados según se venda a mujeres u hombres. Se incentiva el autoservicio del comprador porque el tener a la mano el consumo, lo hace más apetecible y deja más expuesto a las ansiedades no dominables.

b.9 Reforzamiento Positivo, Negativo: Se recompensa la respuesta que conviene al manipulador, se quita una situación que “molestaba”. Ej. "Si respondes lo que deseo, te dejo ver televisión" o "Si te comportas como quiero, te quito el 1.0 que te puse". B. F. Skinner fue quien dio especial énfasis a este condicionamiento.

b.10 Reforzamiento por contigüidad: Se coloca tantas veces un estímulo junto al otro que se pasa el poder de uno al otro, provocando la misma respuesta. Ej. Se pone al lado de un desodorante la imagen de seducción, de tal modo que el cliente siente que está comprando seducción. J. B. Watson fue quien investigó este condicionamiento, a partir del conocido experimento de Pavlov.

    Hay quienes se quedan en las ideas desgajadas del pensar y del sentido de éste. En este caso, no hay una búsqueda de la realidad como auténtica fuente de verdad; sino sólo hay búsqueda de ideas, datos, fórmulas. Ahora bien, en cuanto las ideas emanan de hombres que sólo buscan poder; surgen diversas estrategias para inhibir el pensar; de tal forma crear meros grupos de adhesión o rechazo de ideas; no por ansias de verdad sino sólo de conveniencias. Ricardo Yepes, recuerda:

    “Nuestro mundo intelectual está lleno, casi por completo, de pensamientos tenidos en régimen de préstamo: otros los pensaron y yo los utilizo, los maquillo, los reciclo, los aumento, los pongo de nuevo a circular. Gran parte de la actividad académica humanística no es más que tomar algo de otros y repetirlo. En esa tarea se suele aprender, y es de gran eficacia, un método científico para descubrir, ordenar y exponer ese saber académico. Pero demasiadas veces se olvidan las grandes preguntas: ¿Esto es verdad? ¿De qué modo me afecta?” (“Entender el mundo de hoy”; pág. 101 Ed. Rialp de Madrid) 

C) Perversión del manipulador: El manipulador reduce las comunidades a meras masas, para lo cual debilita la capacidad creadora de cada una de las personas y las orienta hacia diversas formas de vértigo y no de éxtasis. 

D) Sólo la educación puede ir contra la manipulación. Para ello es preciso tener presente que: 

1) Dado que la manipulación por definición es subrepticia; conociendo sus mecanismos deja de ser tal.

2) Debemos pensar con rigor, no prejuzgar, saber utilizar el lenguaje con precisión. De esta forma, el manipulador no podrá lograr sus efectos.

3) Vivir creativamente implica escuchar en forma activa, pedir razones, tener estilo, recrear lo creado y tener convicciones.