jueves, 5 de marzo de 2026

LA EVALUACIÓN Y LA MEDICIÓN

 LA EVALUACIÓN Y LA MEDICIÓN 

Lilian Arellano Rodríguez

          Evaluación, es una de las palabras de mayor uso e impacto en el ámbito educativo; hoy se habla de evaluar a los alumnos, profesores, paradocentes, institución, los programas, los procedimientos, los logros, las competencias, los aciertos o desaciertos de la autoridad, el ser, el saber, el hacer y la obra; en fin, se quiere evaluar todo y a todos. Pero qué es evaluar; qué es lo evaluable, para qué evaluar, cuáles son las unidades de evaluación, cómo evaluar, cuáles son los requisitos para constituirse en evaluador… ¿No confundimos, muchas veces, evaluación con medición?

          Partamos por lo más simple de definir, la medición, por cuanto hay acuerdo en cómo entenderla. Se llama medición al “Conjunto de normas para asignar números a los objetos, de modo tal que estos números representen cantidades de atributos”. Cf. Introducción a la medición psicológica” En otras, palabras, la medición –tal como aparece definida universalmente, es la “determinación de la proporción entre la dimensión o suceso de un objeto y una determinada unidad de medida. La dimensión del objeto y la unidad deben ser de la misma magnitud.” Analicemos cada uno de estos predicamentos, para ver si son aplicables al sentido de la evaluación.

             1. La medición contempla un conjunto de normas, esto es, de procedimientos que deben ser atendidos para normar, estandarizar, las medidas que se asignarán a lo que se mida. Sólo así, lo que es 1 o 3, significará lo mismo aquí y allá; hoy y siempre. 1 cm. es 1cm en Chile y China; hoy, ayer y mañana; si el significado de 1cm. variara de un lugar a otro…no tendría sentido medir. Por lo mismo, las normas de medición deben estar explícitamente formuladas. 

    El triángulo formado por la torre—distancia a base de torre—distancia a cumbre, es un triángulo llamado rectángulo. La distancia mayor se llama hipotenusa, y las otras dos distancias catetos. Midiendo un solo ángulo, el A, podemos saber los tres, pues los otros dos son el ángulo recto de la Base (90º) y el otro tendrá el valor (90º – A).

Del famoso teorema de Pitágoras, que dice que la hipotenusa al cuadrado es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, podemos establecer la fórmula fundamental de la trigonometría que relaciona el seno y el coseno: (seno A)2 + (cos A)2 = 1, pues para un valor igual a 1 de la hipotenusa, uno de los catetos es el seno y el otro el coseno. La otra expresión importante que relaciona las tres razones trigonométricas es: seno/coseno = tangente (comprobarlo dividiendo la expresión del seno por el coseno).

http://librodenotas.com/cienciasyletras/15707/sobre-angulos-y-triangulos

         La medición es universal, por lo tanto, su normativa debe ser tan precisamente expuesta que diversas personas, obtengan los mismos resultados si se aplica la normativa correctamente. ¿Cuál sería el procedimiento exacto para averiguar la calidad de la creatividad o reflexión crítica lograda por el alumno, durante x curso? ¿Se mide la calidad? ¿Es medible la reflexión crítica; cuál es su unidad de medida, magnitud y normativa de medición? ¿Ha sentido que el 5.5 que usted ha obtenido expresa la diferencia en calidad educativa entre usted y quien ha obtenido en el mismo área un 6.0? Repasemos la definición de medición, talvez allí encontremos una respuesta.

      2. La medición asigna números a los objetos, con el propósito de que estos números representen cantidades de atributos”. Así, la medición hace referencia a características específicas de los objetos y no a estos mismos. No se mide el edificio cuando se mide su altura; sino sólo este atributo. Esto implica un proceso de abstracción, en cuanto el atributo hace referencia tan sólo a una dimensión determinada del objeto; por lo tanto si queremos conocer la calidad de un edificio como un todo cuyo sentido es que dé seguridad para ser habitado, debemos conocer múltiples datos que incluso lo trascienden, como por ejemplo, la calidad del subsuelo, el clima, las necesidades de las personas que lo habitarán, el paisaje, el ambiente … En el caso de querer medir al estudiante de pedagogía , en cuanto futuro educador, esto es, formador en valores que den un sentido noble a los conocimientos, que sea un inspirador y no un dominador de personas… ¿Cuáles son los atributos que tendríamos que considerar? Consideremos que un criminal y un benefactor pueden tener el mismo coeficiente intelectual y los mismos niveles de instrucción….


3. Las normas establecidas para medir el atributo deben ser de tal forma que “estos números (los usados como unidad de medida) representen cantidades (de atributos)” La medición se refiere a la cuantificación (cantidad) del atributo poseído por el objeto y no a la calidad del mismo. Medir y contar son términos muy relacionados entre sí. Lo que se hace en cualquier método de medición es contar unidades semejantes. La medición es la técnica que uso para asignar números a una propiedad física, como resultado de una comparación de dicha propiedad con otra similar tomada como patrón, la cual se ha adoptado como unidad. Medida es la unidad que servirá como modelo para averiguar la cantidad o magnitud de algo: segundo, metro, amperio, mol, kilogramo, kelvin, por ejemplo, son unidades de medición de tiempo, longitud, intensidad de corriente, cantidad de sustancia, cantidad de masa, temperatura.
   Ahora bien, no puedo mezclar en el número que asigno a un embase que mido, peso con longitud: las unidades y procedimientos son distintos. Ej. Pesa 50 kilos y mide un metro de ancho por 50 cm. de alto y 40. cm. de profundidad; el área que abarca es…. En todo caso, esas medidas no me dicen nada sobre la calidad del objeto medido; pues si se tratara de un televisor, por ejemplo, su calidad se averiguaría de otra forma. ¿Qué nos dicen entonces los números asignados a un alumno en el transcurso de una asignatura? Un ejemplo: En su primera evaluación, debido a todos los vacíos de enseñanza que traía desde el Liceo, por más que estudió, obtuvo un 3.0; luego, debido a su responsabilidad y afán de superación, obtuvo un 5.0; por último, debido al su imaginación que le permitió proyectar lo aprendido, a su perseverancia y vocación, obtuvo un 7.0 Nota final: 5.0 ¿Qué reflexiones pueden hacer al respecto?
   La medida tiene como función entregarnos cantidades: Aquí hay un saco con 2 kilos de papas; acá hay otro con un kilo. ¿Cuál eliges? ¿Es suficiente dato el saber la cantidad para saber la calidad? Los atributos de una persona que se está educando en forma permanente ¿dicen relación con la calidad o con la cantidad de los mismos, son medibles, están compuestos por unidades homogéneas? ¿La persona y sus atributos, son divisibles, esto es, separables de la persona?
    Por ello, insistimos, la medida requiere poseer las siguientes cualidades:
a) Simpleza y accesibilidad, de tal forma sea cognoscible por cualquiera que conozca la fórmula.
b) Invariabilidad y uniformidad: debe estar al resguardo de todo cambio y permanecer “la misma” a pesar de las diversidades de tiempo, lugar, temperatura, creencias, ideologías, tipo de gobierno, etc. Ej. 1 cm. será siempre 1 cm. La certeza objetiva es esencial para la noción de medida.
c) Homogeneidad: Una unidad de medida debe pertenecer a un género determinado y manifestar sólo los objetos que pertenecen a ese género. Así, el metro es medida sólo para averiguar la longitud de un objeto. No confundamos el que se empleen, en algunos casos, diversos tipos de medida simultáneamente, con respecto a un mismo hecho. Por ejemplo, los sismos se miden según dos escalas: Richter, escala lograrítmica, que mide la magnitud, esto es, la energía liberada en el hipocentro o foco (zona del interior de la tierra donde se inicia la fractura o ruptura de las rocas, la que se propaga mediante ondas sísmicas.). Mercalli, en cambio, mide los efectos o intensidad (que no es lo mismo que la magnitud) que dependen de la violencia con que es percibido y los efectos que causa. Esta última es una medición que tiene mucho de circunstancial, pues el objetivo de los científicos y técnicos no es la medición propiamente tal del sismo sino la atención de la protección civil.

    ¿Podríamos hacer una analogía con la evaluación que deseamos tener del ser humano que deseamos posea un perfil de educador?

    Tampoco nos confundamos con lo que se llama medición indirecta, que se da cuando no se puede medir directamente un fenómeno, por ej. El calor se mide a través de la relación encontrada entre éste y la dilatación del mercurio. Por lo cual hay una traducción de longitud a grados de temperatura. Esto es posible porque son fenómenos concomitantes, que establecen una relación funcional exacta. ¿Puede darse una relación funcional exacta entre atributo educativo y alguna magnitud específica?
   Hasta aquí, la medida se nos presenta como un medio de conocer cantidades, esto es, realidades que admiten una divisibilidad en unidades homogéneas. ¿Es la medición la que otorga el carácter de cientificidad a la ciencia? ¿En ciertos niveles de investigación, el científico ya no puede efectuar mediciones; de acuerdo con esto, a partir de entonces, sus juicios son menos serios, menos científicos? ¿Se puede conocer la realidad noumenal microfísica? Lo que podemos es hacernos una idea de ella a través de su actuación, de sus efectos; tal como se hace actualmente en algunos experimentos de mecánica cuántica (ver video en blog) lo que no significa que la realidad desde la cual proceden dichas acciones sea absolutamente perceptible y medible. Por lo demás, lo más importante es tener presente que las medidas son conceptos inventados por el hombre para el manejo y su comprensión de la realidad; pero no son un atributo real de la realidad. La manzana no tiene en sí ni la unidad 1, 2, ¼ 0 120 gramos; lo que realmente posee son atributos que le hacen ser manzana. Por lo cual, llegados a este punto, es conveniente decir que la exactitud real no es de índole matemático sino cualitativo, ontológico. Así, cuando decimos que una persona “X” es tan bondadosa “Y” ¿estamos tomando un parámetro común; nos referimos exactamente a lo mismo? ¿O nos referimos a algo distinto en un sentido y común en otro? ¿Son comparables las personas y si lo son en qué sentido o condiciones? ¿Es comparable la inmoralidad de un profesor de biología que conduce a una niña a abortar; con la de una adolescente, talvez asustada y que ignora qué significa abortar? Desde el punto de vista de la medición, podemos medir la longitud en tiempo de un beso; pero ¿nos dice algo esa medida del amor que puede expresar el beso en los ojos del amado-a?
   ¿Cómo evaluar, entonces a nuestros educandos? ¿Qué es evaluar?
    Evaluar es descubrir el valor que posee una realidad y valor es la real perfección de ser de una realidad. Hay realidades más perfectas que otras; lo que se manifiesta en una mayor independencia y dominio respecto el habitat o las circunstancias. Bien, verdad y belleza son las diversas dimensiones del valer de la realidad. En el caso de las realidades naturales, estos valores son naturales. El perro tiene esencia de perro y su existencia espontáneamente (naturalmente) se reduce, determina, a lo que es; tanto, que podríamos hacer un inventario de las posibles acciones de un perro. En el ser humano, en cambio, la libertad de ser – el ser constitutivamente no determinado en su ser personal- no nos permite hacer un inventario cerrado de sus acciones; pues sin poder orgánicamente volar, lo hace más alto y rápido que las aves; sin poder orgánicamente vivir bajo las aguas, se sumerge en submarinos que atraviesan los océanos a mayor velocidad que los peces… Verdad, bien y belleza, en el ser personal, son mérito; son morales. La educación tiene como finalidad, precisamente, el perfeccionamiento voluntario de este ser personal: Toma conciencia de ti, del otro y de lo otro; descubre y descúbrete; descubre el sentido de tu existencia y de toda otra realidad; direcciona tus potencialidades, acciones y obras hacia ese sentido, co-crea el universo… Son estos algunos de los lemas educativos. A nosotros, los educadores, nos interesa evaluar al educando en cuanto perfeccionándose; evaluar las acciones u obras que presentan o simbolizan este perfeccionamiento. ¿Qué implica, entonces, evaluar, a diferencia de medir; cuál será el procedimiento evaluativo y cuál la forma de expresarlo? ¿Es más difícil evaluar ciertas dimensiones humanas que otras? ¿Cuál es el sentido, la naturaleza, los alcances y los límites de la evaluación?
     Un ideal de hombre me dice cuál es la meta de perfección en abstracto; La idea de mi mismo llevado a la perfección, me dice cuál es mi ideal y mi meta. Un ideal de educador me dice cuál es la meta y la vía de perfeccionamiento… Pero el ser humano es un ser situado y su existencia es biográfica ¿Qué puedo exigirme a mí mismo en esta situación y no en esta otra; qué al inicio de un aprendizaje y qué en las distintas etapas del recorrido? ¿Cuál es el método evaluativo?
    La evaluación exige exactitud real, esto es cualitativa y rigurosidad en el método, esto es, que sea acorde a la naturaleza de lo evaluado.
   OBSERVACIÓN: Complementar el estudio de esta Aula, con artículos y videos subidos o con link en el blog: específicamente con artículo 1) Conceptos básicos sobre la medición 2) La física y las realidades nouménicas 3) Lo inasible 4) Lo objetivo y la realidad transobjetiva.


EL SENTIDO DE LA VIDA Y FELICIDAD

 EL SENTIDO DE LA VIDA Y FELICIDAD

Lilian Arellano Rodríguez

El hombre vive por y para algo que trasciende la vida. El valor de vivir... 

Será en su propia vida, en la vivencia de situaciones límites, donde el psiquiatra Víctor Frankl, descubrirá que sólo quien tiene un claro para qué vivir, podrá soportar cualquier cómo que le presente la vida. Así elabora la logoterapia, análisis de la existencia que nos insta a asumir la responsabilidad de la vida, requisito para su potenciación. La responsabilidad, nos dirá, es siempre ante un deber y los deberes sólo pueden ser interpretados a partir del sentido de la vida.

 La búsqueda del sentido de nuestra existencia y en ella de cada minuto que transcurre, pertenece al ámbito exclusivo de lo humano: conscientes de nuestra conciencia de ser, de ser alguien, de vivir y de morir, la vida antes de ocuparnos, nos “pre-ocupa”. 

Esto explica la situación en que cae quien, contrariamente a su ser, en la huida o evasión neurótica, trata de vivir una existencia “presentista”, vivir sólo el día a día, sin consideraciones pasadas ni futuras; sin sentido y sin deberes, sin compromisos ni valores por los cuales velar. También cae en esta falta de sentido quien vive en la embriaguez no sólo efecto de drogas o alcohol, sino de los medios o de sus propias obras o trabajo, despojados de su sentido y valor. Resaltan, entre estos últimos, quienes sufren la llamada “neurosis dominical”, cuando el trabajo ha dejado de ser un medio y se ha constituido en un fin. 

Por el contrario, quien tiene un sentido de vida por el cual vivir, en los momentos más angustiosos, penosos o de dolor, siente la fortaleza de la esperanza, de ese sentido que trasciende la situación elevándola a un rango de realización, reto, crecimiento. Así el caso de quien sufre una situación límite o conmocional como puede ser la muerte de un ser amado.

Los valores de la vida se encuentran en:

a) El valor de nuestras actividades: A veces alguien piensa, siente, que su vida no tiene valor porque su actividad carece de valor… Pues bien, no se trata del puesto o labor que alguien ejecute sino del cómo y para qué. Es de más alta estima la vida de un barrendero, quien asume en conciencia su responsabilidad de limpiar la ciudad y atender a su familia, que la vida de un médico que no asume la responsabilidad de cuidar a sus enfermos y cumplir con su familia. 

b) El valor de las vivencias que nos ofrece la vida misma: Junto al valor que cobra la vida por nuestros actos, están los valores que Frankl llama “vivenciales”; valores que se “acogen” en el encuentro con el universo, con la naturaleza, con la vida misma…con la belleza de la naturaleza o de la obra de arte, con la presencia de la bondad de alguien. Se trata de situaciones que marcan la biografía de cada vida. Reflexione al respecto: "En efecto, aunque se trate de un instante, por la grandeza de un instante se mide, a veces, la grandeza de toda una vida. (…) en la vida del hombre son los puntos culminantes los que deciden en cuanto a su sentido, y un solo instante, por fugaz que sea puede proyectar retrospectivamente un sentido sobre la vida entera” (Viktor Frankl, “Psicoanálisis y existencialismo”, FCE…) 

c) El valor de nuestra actitud ante las limitaciones o lo irremisible de la vida: En este caso se encuentran lo que hemos llamado en este curso “las situaciones límite”, cuando nos enfrentamos a una situación que no nos deja otra opción que enfrentarla tal cual. Aquí surgen los héroes que se descubren ante el reto imprevisto. 

Nos hallamos siempre “en situación de…”, de enriquecer el mundo y el sentido de nuestras vidas con nuestros acciones; otras, enriquecernos a nosotros mismos con nuestras vivencias. Lo importante es captar, acoger el momento, la oportunidad para dar a la vida y para recibir de ella; ambos son deberes en ellos encontramos como se va realizando nuestro sentido… Así, no cumple con su deber quien da la espalda a la belleza del camino costero o al sonido de las gaviotas o colores y aromas de las flores que nos acompañan en nuestra ruta. 

Igualmente, debemos distinguir en la vida dos dimensiones distintas que se coordinan: la gran misión de nuestras vidas, trascendente a toda situación, vinculada tal vez a la eternidad y el valor situacional o sentido de cada situación u oportunidad que se ofrece como único momento para realizar, a través de la vida cotidiana, el valor que le trasciende. El gran y frecuente error, es dejar pasar esos momentos que como todo momento son únicos… ¿Cuántas situaciones de vida hemos desperdiciado?

Si alguien ignora el sentido de su vida y desconoce las posibilidades únicas de su existencia, lo primero es descubrir esa misión y luego encontrar el camino que le llevará al cumplimiento de la misma: La educación es el perfeccionamiento del ser en su existencia o, lo que es lo mismo, la realización del ser que somos a lo largo de la vida cotidiana.

EDUCACIÓN Y FELICIDAD

Un hombre, desvinculado de toda realidad, despojándose de su dignidad personal, reduciendo el Universo a un mundo asible, útil y aparente, busca una felicidad no perecedera. Sin embargo, tras programas, planes o proyectos que se pone como meta de vida, sólo logra bienestar, placer, euforia, alegría por unos momentos más o menos prolongados.

Cada meta lograda, crea en él la ilusión de alcanzar una felicidad infinita. Pero, es, entonces, cuando se da cuenta que se ha movido en un nivel de finitud que le apresa en lo momentáneo y que, tras la celebración o embriaguez de un pequeño o gran éxito, viene nuevamente esa tensión de infinito y esa sensación de vacío, soledad, insatisfacción o hastío. Casi podría decir que era más feliz durante sus sueños y lucha por construirlos que ahora; una vez logrados… 

De pronto, el hombre toma consciencia de sí, de su diferencia de anhelos, de amores, de vocación, de trascendencia. Sí; cuando niño o adolescente, soñábamos con logros para sí, para los nuestros e incluso para toda la humanidad. Ya jóvenes, con grandes ideales, comprometíamos nuestra vida por “todos”, por no ser uno más del montón de ególatras y dar de sí, si era necesario, la vida. Pero, simultáneamente, nuestras experiencias de vida, una y otra vez; empiezan a llevarnos al dolor de la impotencia; a sentirnos defraudados ante las respuesta de aquellos que creíamos nuestros amigos de ruta o agradecidos; incluso, lo que es más fuerte aún, nos decepcionamos de nosotros mismos: de nuestras debilidades, de nuestras respuestas… 

Entonces viene la crisis, aquella que marcará nuestras vidas: la oportunidad de renunciar a nuestros ideales o seguir adelante y crecer. También vienen una serie de preguntas: ¿Por qué yo? ¿Por qué la vida es así? ¿Por qué me duele el dolor de los demás; en cambio pareciera que el vive para sí es más feliz? ¿Más feliz? ¿Puede ser más feliz quien ha renunciado a lo mejor de sí; pero qué es lo mejor de sí? ¿Qué piensa o siente el hombre que ha renunciado a todo auténtico ideal; qué encuentra dentro de sí y qué es un ideal? ¿No será mejor no pensar, huir de todo sueño, de los otros y de sí? 

Víctor Frankl decía que la felicidad no se busca; que llega como un don cuando te pones como propósito dar lo mejor de ti. Por mi parte, y sustentándome en este pensamiento, la forma de vivir la vida me ha permitido descubrir que los obstáculos, problemas o el sufrimiento no mitigan la felicidad; sino que forman parte de “escenas” de nuestra vida, si tenemos como base y horizonte un sentido, un amor que trasciende cada acto: el sentido de vivir, o mejor dicho, el misterio del sentido de nuestra existencia.

NUESTRAS CRISIS

Etimológicamente, el concepto “crisis”, proviene del griego “krinein” que se traduce como separar, dividir, decidir, elegir…

 Romano Guardini, profundo conocedor del alma humana, decía que cada etapa de la vida se caracterizaba por una crisis cuya superación, condicionaba el paso a la etapa posterior. Así, podíamos entender por qué algunas personas no seguían el camino de madurez propio de toda vida; sino se quedaban ancladas en la adolescencia o alguna otra etapa. 

Recuerdo haber leído que para los chinos, la palabra crisis tenía dos significados: quiebre y oportunidad…El psicólogo C. Jung destacó el estado de alerta que se produce en una crisis. Tiene razón; cuando todo parece funcionar como es de costumbre, tendemos a comportarnos como es ya habitual, sin cuestionarnos, sin indagar. Es claro, si siempre pasa el bus por donde mismo, nosotros también, sin mayor preocupación, haremos lo mismo. Pero si una vez en el paradero, no ocurre lo que esperábamos, entramos en un estado de alerta, alarma, indagación… Se ha perdido una especie de continuidad de nuestra historia, para dar lugar a un hito, a un acontecimiento que implica una situación problemática que resolver. 

Así, cuando estamos en crisis, sentimos que algo que parecía seguro, estable, se tambalea y nos lleva a una serie de cuestionamientos, dudas, incertidumbres… En un primer momento, tal vez nos acongojamos, porque no sabemos a qué atenernos. Debemos replantearnos nuestra vida y talvez la de otros; luego tomar decisiones, elegir un nuevo enfoque de nosotros mismos, de algún aspecto de nuestra existencia o de su sentido; a veces, cambia nuestra perspectiva, concepto o valoración de los demás o del mundo. Es claro que la crisis nos ofrece la gran oportunidad de crecer, de salir fortalecidos; pero tampoco es menos verdad, que implica un riesgo, pues podemos ser superados por la crisis en vez de superarla a ella. Por supuesto, que dependiendo de la índole y gravedad del problema y de nuestra condición humana, podremos superar la crisis por sí mismos, o bien, requeriremos de ayuda de los demás. No es lo mismo hablar de crisis personales cuando se es niño, adolescente, joven, adulto o anciano; tampoco es lo mismo una crisis de identidad, que una crisis familiar, nacional o mundial; como también hay que distinguir entre crisis económicas, laborales, políticas, morales, religiosas, culturales, etc. 

No cabe duda, entonces, que toda crisis lleva consigo un riesgo (la no superación y, consecuente decadencia) y una oportunidad (su superación y nuestro fortalecimiento). Superar una crisis implica, por lo tanto, detectar y saber cómo enfrentar los peligros o amenazas, el caos, lo insano, la violencia, lo aparente, lo superficial, un sin sentido que pueden estar incoados en una persona, un estilo de vida o moda, una ideología, una creencia, una instancia de poder, etc. Hay que distinguir entre lo que hay que salvar y atesorar y lo que hay que desechar. Las crisis nos exigen un mayor esfuerzo, dolor, separación, dejar atrás; pero para mirar hacia delante, con esperanzas de un mejor futuro, de construir. Implican un no dejarse estar; un no dejarse llevar; por lo mismo, requieren de nuestra persistencia, perseverancia, ingenio, amor y valentía. Superar una crisis es superar lastres de de mal vivir; implica purificar, limpiar, ordenar, vislumbrar. Por todo lo que una situación crítica requiere de nosotros, su superación exige no caer ni en el pesimismo derrotista o depresivo; ni en el optimismo ingenuo y desprevenido. 

La complejidad de nuestra existencia; es producto de nuestra riqueza de ser. Somos una unidad indivisible que intenta descubrirse y ser presencia en un mundo que vamos co-creando día a día: en el anhelo, en la mirada, en el juego, en el sacrificio... 

La misión de educador es llevarnos hacia nosotros mismos; él sólo enseña; el camino lo hacemos nosotros. Descubrir la verdad, acoger la revelación del misterio, amar, contemplar y cultivar la belleza, habitar el mundo, conformar ámbitos, descubrir el sentido de la existencia y cómo realizarlo, convivir, realizar el bien... son dimensiones de nuestro ser uno. 

Intimidad y presencia. Lo público y lo privado. Producir y crear. Éxtasis y Vértigo: Son algunos de los subtítulos de nuestra biografía.